A Workshop- a Sonho

•Diciembre 6, 2009 • Dejar un comentario

luminaria de Charles Watson

Anoche mientras caminaba por las calles de São Paulo, sentí que era indispensable llamar a tu casa. Pero sé que desde hace dos años no vives ahí, que te fuiste con Cildo a otro lugar y que es mejor que no te llame para evitarte problemas con él.

Pero quería conversar contigo de los planes que tengo para mi primera novela, o segunda si miras con atención. Y no tenía tu celular…Y los pocos contactos que tenía ya se habían mudado de Sampa a Río o les había perdido la línea hace mucho tiempo.

Así que estuve toda la noche caminando, viendo portadas de libros viejos trás rejas de seguridad y acariciando un volumen de Kafka que me ha acompañado durante el viaje: Amerika.

Estoy cogiéndole aversión a los email, al celular, al facebook. Cada vez que abro alguna de estas aplicaciones, me terapeo para recibir el sartal de insultos, advertencias y malas noticias que han transformado mi manera de actuar digital. Así mismo, estoy comenzando a considerar firmemente el abandonarlos o, al menos, hacer que alguien los maneje por mi…Pero claro, eso por ahora es imposible.

Y es después del almuerzo frugal al que estoy acostumbrado en Sampa (leche de soya, un sandwich de jamón y dos pedazos de queso) que entro en algún lugar que tiene internet, mientras todos están conectados a bandeirantes viendo algún partido del Brasileirao.

No soy preciso en los detalles, pero encuentro la siguiente seña:

Hombre,
estoy a hacer una workshop muy buena con Charles Watson… en esos dias estava hablando de como ele cerebro codifica algunas informaciones… y que él lee casi que igual lo que pasa en la realidad y lo que pasa en la imaginacion y en el sueño…
bueno, estos dias soñe casi toda la noche que estabas aqui en SP… todo muy lleno de difucultades para encontrarte y para que hablaramos… pero me acuerdo que por fin: si hablamos  – en vivo y en colores.

La nota, de las 7.44 pm de ayer sábado.
Son las 14.32. Estamos a 32 grados a la sombra…

All you Zombies

El Sol

•Octubre 29, 2009 • 2 comentarios

Desde el  26 de octubre, puedes descargar El Sol desde este link:  http://issuu.com/htr483/docs/el_sol?mode=embed&layout=http%3A%2F%2Fskin.issuu.com%2Fv%2Flight%2Flayout.xml&showFlipBtn=true

Este es el primer libro de poemas que publico en Internet y fuera de los cauces tradicionales de edición en soporte papel. Lo hice en issuu porque considero que la facilidad con que puedes subir un archivo y transformarlo en flash así como la posibilidad de descarga directa de un producto tan atractivo como es el que presenta issuu son factorede cara a los lectores que siguen los contenidos de este y otros blogs en los que participo.

Es importante señalar que este esfuerzo es solo el inicio de toda una serie de publicaciones de corte alternativo que serán puestas en issuu o en otros formatos que satisfagan las expectativas de quien escribe por generar un contenido de calidad en la red.

No es más. Sólo resta agradecer a quienes se tomen el esfuerzo de suscribirse, descargarlo y leerlo…

Namaste.

Prosopografía 2

•Septiembre 30, 2009 • 1 comentario

Prosopografía 2, originalmente cargada por hijodelamaquina.

No hay precio por robar su corazón.

Ataque Narciso de tarde septembrina.

La he visto

•Septiembre 3, 2009 • 1 comentario

Usualmente una de mis preocupaciones es tener cargado el ipod con las canciones que quiero escuchar durante el día. Vale la pena señalarlo: hay otras personas que se preocupan porque sus hijos tomen a tiempo la ruta escolar o que ellas alcancen a llegar a tiempo a sus trabajos. Pero a mí me ocurre lo contrario: necesito que el ipod esté bien cargado ( es decir que brille harto el bombillo verde) y que el track list coincida con la energía que quiero mantener durante el día. Después, señoras y señores, viene lo demás: que la leche, que el tinto, que lo de los buses, que la gestión cultural, que lo del almuerzo (casi nunca lo hay, claro), que, que, etcétera…Es cierto que desde hace años toda mi colección discográfica se debe a la internet: bajo torrents y recorro blogs, hago minería musical cuando antes gastaba 200 o 300 mil pesos en cds (unos 130 dólares de ahora) en un café internet del centro de Bogotá ( a estas alturas ya todos saben que nunca he comprado un pc, que el laptop que tuve lo perdí en una prendería, etc.)

Si revisan el blog, la música, los track list, son una constante en las 111 entradas de hijodelamaquina.blogspot.com Y ni qué decir que con canciones me gano el corazón de las personas: tengo una cuenta gmail colapsada, precisamente, por enviar y enviar canciones; mi agenda reseña cada día qué nueva descarga he encontrado (ayer, por ejemplo, fue I´m a witch, de Yoko Ono) y estoy comenzando a creer que lo que decía Julio Cortázar con respecto a la relación música/literatura es verídica en mi caso, a menos que K. Dick y Kerouac me digan lo contrario.

Lo que más me gusta es sorprenderme. Creo que ese es el propósito fundamental cuando escuchas música: que percibas algo que no podías haber percibido de otra forma, digamos, una conversación puede dejar algo, pero es una tensión distinta y la situación idealista que pregonaba Jorge Luis Borges es cada vez más escasa; para mí, la música es lo más semejante a un trip, a un baretico o a cualquier ingesta de hongos. De hecho, cuando estás metiendo y estás conectado con la música, el viaje adquiere un pliegue, una textura distinta. Mi impresión es que tengo una inteligencia sinestésica por las formas que la música asume cuando estoy en comunicación con ella. Lo percibo en los poemas, en mis palabras y en mis movimientos. Y no peco de falsa modestia cuando lo escribo: es simplemente una constatación de algo muy profundo en mí.

Uno de mis pocos mejores amigos es músico, el otro es un gran melómano. Y de ellos aprendo, aunque no coincidamos en el género musical a través del cual vibramos: la salsa me aburre, ciertos subgéneros del jazz no conectan, pero intento y busco y trato de aproximarme pero nunca, nunca, trato de incorporarlos al ipod: son como esas rarezas que puedes escuchar ahí afuera, con alguien o a solas cuando intentas explicar algo o encontrar algo que no encuentras por otros lados.

Y vuelvo al punto del ipod, de la privacidad que da éste o cualquier reproductor para hacerte el track list de tu propia vida, evolución del walkman y del discman (esos avatares que ya he trascendido, desde los cassettes de 90 minutos para que me rindiera el viaje de todos los días hasta el colegio, hasta la colección de cds que guardaba en la mola para llegar hasta la universidad, rivalizando con diccionarios y tratados de lingüística, y siempre, siempre, las sempiternas pilas, que no se fueran a acabar mientras iba caminando hacia algún bar o me evadía del sueño en una clase)

Esta mañana, abrí uno de los cuadernos que estoy llevando ahora e hice algo parecido a un punto aparte. Era el momento de iniciar algo nuevo que me venía taladrando la cabeza hace semanas, pero que no había tomado en cuenta hasta ese momento. Entonces escribí unas líneas y fui a ducharme; mientras lo hacía pensaba en cuánto me interesaba esa posibilidad que había borroneado minutos antes, luego, después de todas las rutinas posteriores a verificar que el ipod tuviera brillando el botoncito verde, salí a la calle pensando en Beatle John, pero escuchando a Danger Mouse.

Durante el trayecto fui mezclando canciones de Nine Inch Nails y The Beatles, como preparando el mood del día, hasta que conseguí llegar al centro de la ciudad, comprar un café y llegar a la última canción de Fuerza Natural, de Gustavo Cerati, He visto a Lucy. Guardé silencio y fui descubriendo la canción…hasta que llegó el silencio y, de repente, el hiden track: esa especie de suite que hace valer la pena comenzar temprano y terminar temprano todo. Y ahí, mientras sobrecogido me dejaba llevar, recordé algo que le leí a Thom Yorke cuando hablaba de Homogenic de Björk y es sobre la forma como se están produciendo algunos álbumes hoy en día, los cuales están perfectamente acondicionados para proponerte una píldora roja o una píldora azul. Es decir, generan una experiencia maravillosa– e importa mucho el soporte, dado que las experiencias de escucha tienden a expandir la percepción, sea en un ipod o en un equipo de sonido- ya que te envuelven en todas las sonoridades y te conducen a terra incognita (como algunos temas de pink Floyd, por ejemplo, en los que la conjunción entre sonido, inmanencia y trascendencia está ahí, a la espera, vibrando)

El poder de la alegoría y la metáfora condensado en ese justo instante en que la canción termina y miras el panorama fuera del ipod para descubrir que todos los filamentos de la realidad han vuelto a moverse, cintileantes, por la sugestión desencadenada por la canción. 

 

Eso ocurrió esta mañana con He Visto a Lucy: la he vuelto a ver, Beatle John.

Por acá, la canción: http://www.mediafire.com/?o2unvgmiziq

Orkuticidio

•Septiembre 2, 2009 • Dejar un comentario

Imagen015Algunas de mis más grandes amistades de los últimos tres años las encontré a través de redes sociales.

La primera en que participé fue Orkut, de Google, a la que se accedía por invitación, como otros productos de Google que, por esa época, estaban en fase beta. Recuerdo que estuve buceando una mañana por toda la red buscando la invitación. Era un proceso iniciático que consistía en enviar un email a alguien y esperar una respuesta que podía tardar, como fue mi caso, una semana. Aún recuerdo cómo buscaba en mi cuenta gmail, recién abierta también, la invitación que me distinguiría de otros cibernautas por participar en la naciente onda de las redes sociales.

La fiebre de las redes sociales había comenzado en Japón de la mano con el surgimiento del sms como herramienta de interacción entre geeks y otakus, entre otras tribus urbanas. Eso fue a principios de siglo, pero en este lado del mundo recién en 2005, y con precedentes de nicho como myspace,  las redes sociales surgieron con todo el ímpetu que ahora, por ejemplo, caracteriza a la población de esta red como la más densa y poblada de la red.

En algún tratado de prospectiva, los pioneros orientales de las redes sociales migraron a otras aplicaciones digitales y muchos aún contemplan con perplejidad cómo éstas mantienen un impacto que ya rebasó cualquier capacidad de análisis sociológico o antropológico: las redes están vivas y poseen un ecosistema consolidado de protocolo e interacción en su interior que no sólo replica las formas cómo nos relacionamos a través de éstas sino que también inciden en las formas como interactuamos en el cotidiano, fuera de la interfaz.

Y precisamente, a través de Orkut fue que te conocí. Debo confesar que hay un partidor antes y después de haberte encontrado: en términos estéticos, poéticos y éticos, nuestro encuentro a través de una red social devino fundamental para la vida y el qué hacer de dos artistas separados por distancias geográficas y lingüísticas tan grandes como las que tenemos: huellas de ese cambio fueron los scraps que nos escribíamos a diario en nuestros respectivos perfiles, con links a otros mundos digitales que enriquecieron nuestras experiencias plásticas y literarias. De ahí pasamos a una comunicación epistolar, sea a través de las cartas en cajas de Pandora que nos enviábamos cada vez que alguien viajaba a nuestros países, sea a través de emails en cuentas exclusivas que abrimos para sólo comunicarnos los dos. Y al final, la comunicación por teléfono con motivo de alguna anécdota que era puntual contarnos para seguir viviendo.

En todo este tránsito de lo virtual a lo real, fuimos descubriendo nodos que nos acercaban aún más, confirmando que la virtualidad era una excusa y que aquellas barreras de la distancia y la lengua eran tan solo una estrategia mental para no percibir cuán cerca estábamos el uno del otro: supe que viviste en Bogotá, por ejemplo, y que compartiste campus conmigo; supiste que caminé ciertas calles de tu ciudad, compartimos algún café y fumamos un cigarrillo sin saber quiénes éramos, y así sucesivamente episodios y acontecimientos en bucle que testimoniaban una cercanía y una afinidad que a duras penas puedes hallar a lo largo de toda una existencia.

Hace tan solo dos días recibí un mensaje en el que me contabas que habías cerrado la cuenta de Orkut –esa misma que yo había abandonado cuando me mudé a Facebook- por las razones de siempre: algún depredador había robado tu identidad causando daños a todos los amigos y las amigas que habían surgido a partir de esa red social. Me decías que todos los scraps fueron borrados de un momento para otro y que por imprevisión nunca habías hecho un back-up, tal y como nos lo propusimos tantas veces, con el propósito de editar un libro de artista sobre nuestra experiencia. De pronto, me sentí huérfano. O carente de. Y a medida que fueron pasando las horas fui recordando cuántas veces tantas palabras que hemos escrito se vuelven efímeras al cancelar una comunicación o cuando la transmisión se corta o cuando no abrimos una plantilla para ir armando un texto a partir de la interacción que estamos sosteniendo. Pensé que muchas de nuestras interacciones están sometidas a un olvido más árido que el sistemático ejercicio de la desmemoria que imponen los estados: ese olvido intencionado que realizamos sobre determinadas acciones en pos de no aceptar las consecuencias de éstas.  Recordé que no hace mucho alguien me había preguntado sobre el destino de todos esos perfiles en las redes que habían pertenecido a personas que habían muerto y de las cuales nadie sabía nada más allá de un estado en el que contaban que se estaban tomando un café o esperaban encontrarse ansiosamente con su amante. Perfiles sobre los cuales nadie sabía su destino final y que seguían recibiendo frases de cajón, toques, invitaciones a conciertos, recordatorios, y en algunos casos llamadas a números de celular que mandan a buzón, dejando en espera eterna al contacto que quiere acercarse y conocer algo más de aquella persona que no ha vuelto a actualizar su estado en la red.

Y no pude dejar de sentirme triste, un poco más solo en esta vida.

El grado cero de la iluminación

•Agosto 9, 2009 • 1 comentario

Descubrí esta canción hace poco. Horas nada más. Entre el final de un día y el inicio de otro. Concentrándome en cada acorde, callándome ahí dónde era menester. A oscuras. Tecleando algún mensaje a un móvil fantasma coincidiendo con cada tono de espera -tan familiar que nadie al otro lado conteste- y cerrando los ojos para que cada palabra no fuera producto de mi obrar sino de la síncopa que establece la distorsión de la guitarra. Es cierto, no lloré. Hubo otra emoción que puedo describir como la salida o el cauce de antiguos filamentos en mi pecho. Era como si estuviera ante el mar, ese mar gris que parece leva, y las gotas de lluvia no pesaran de ninguna manera mientras mis ojos comprueban e intentan establecer el perimetro del horizonte, labor de cartógrafo que intenta hablar con los habitantes de otras dimensiones quienes también mojaron sus pies en el agua y trazaron dibujos en la arena.

Hace unos momentos leí alguna respuesta de alguien muy distante, me pareces gaseoso-decía- y casi de inmediato regresé al panorama sonoro de esa canción. Creo afirmar que hay una fortuna implícita en encontrar algo -una pieza, una mirada, una caricia, algo, algo, algo…- que pueda condensar, sintetizar y desbordar lo que eres o crees ser. Como si estuviera destinado para tí, como si pudiera decodificar los códigos de un metalenguaje que, a solas, reinventas en el ejercicio soberano de vivir: tantas noches pulsando teclas, recorriendo el ciberespacio en busca de un hogar, tantos diálogos vacíos, búsqueda de soma y escisiones entre la representación y la corporeidad, para encontrarme con esta pieza que me trae, como una flor esplendorosa de hace siglos, todo lo que me conmueve, todo lo que me resguarda.

Como si uno pudiera despedirse de la vida sin nunca olvidar cuánto la has amado.

(Lado oscuro del) alma

•Agosto 4, 2009 • Dejar un comentario

Se mueve.

Se agita.

Se escinde en filamentos que apenas pueden guardarse bajo una chaqueta.

Fragmentos de poemas vía sms a un móvil fantasma.

Noche de agujas y adicción.

Trajes de cucarachas milimétricamente ajustados a una figura descompuesta en píxeles.

Fellatio a la máquina.

El dominio/ la manipulación/la resistencia

•Agosto 3, 2009 • Dejar un comentario

Establecemos vínculos para resistir nuestra propia deshumanización a través de la red, pero aún nos falta,a muchos, para llegar a ser una verdadera guerrilla digital. Sin embargo, he aquí que, poco a poco, suenan las alarmas que nos impulsan a tomar partido, a ser acción. Después de todo, la única manera en que podemos percibir la libertad es buscándola. Informándonos y estableciendo las diferencias que nos vuelvan beligerantes.

Otorgar nuevos campos semánticos a las palabras es un ejercicio de sofisma si, precisamente, ese cambio no se refleja en las acciones: ¿cuántos de nosotros, adictos, estamos dispuestos a volcar nuestro soma en las pantallas?

Murciélagos

•Julio 28, 2009 • 2 comentarios

Murciélagos, originalmente cargada por hijodelamaquina.

Pienso en la horrible noche…y recuerdo que no sólo los pájaros caen del cielo.

Convocatoria Proyecto Transmedial

•Julio 2, 2009 • 1 comentario

Busco con urgencia

1. diseñador@ gráfico con manejo de corel y photoshop

2. artista plástico con interés en hipermedia y transmedia

3. guitarrista + programador con influencias trip hop, ambient, noise

para desarrollo de proyecto trasmedial que abarca campos literarios, plásticos y sonoros.

No es necesario que radiquen en Bogotá- Colombia para postular al proyecto, dado que una de las intenciones es trabajar en red.

Si estás interesad@, puedes remitir tu portafolio al email vergara.jonas@gmail.com o rebota esta nota entre tus contactos que puedan, potencialmente, interesarse en esta iniciativa.

En los blogs http://hijodelamaquina.blogspot.com y http://zat483.wordpress.com habrá pronto más información de esta convocatoria.

Namaste.

Proyecto Trasmedial

Proyecto Trasmedial