Archivos para septiembre, 2010

Mar de la Tranquilidad

Posted in Zat with tags on 30/09/2010 by Hijo de la Máquina

La gran vagina

I

Habíamos salido en busca del Mar de la Tranquilidad. Era una promesa de la época en que estábamos en la academia: encontrarlo y disfrutar de su paisaje. También era, por qué no decirlo, un motivo para enaltecer nuestra historia: ser los primeros en llegar a este lugar de entre todos nosotros, los últimos que salimos de la tierra.

En mapas del siglo XX renderizaban las imágenes con propósitos políticos. La idea era que la luna era un feudo de las superpotencias. Y con la manipulación de las imágenes, el mensaje era claro: en la luna no hay vida, ergo no es necesario explorarla: la carrera espacial debía orientar sus objetivos hacia otros planetas, preferiblemente fuera del sistema solar.

Y el engaño surtió efecto: toda la historia de los siglos posteriores siguió este patrón: y muchas arcas se elevaron en los cielos para perderse en Alpha Centauri, donde aún están pendientes de concluir las expediciones de colonización.

Nos dejaron la luna a los países del quinto mundo: aquellos que no tuvieron acceso a las bombas ni a la virtualidad que facilitaba que habitáramos otros planetas sin desprendernos de nuestros dispositivos criogénicos.

Así que cuando llegó el momento, nos preparamos y llegamos a este lugar, el viejo satélite que ahora colonizamos.

II

Siempre quise conocer el mar. Dicen los registros que la tierra, pese a su nombre, era un planeta que tenía agua. Agua. Es una palabra mágica. El mar está lleno de agua -decían en la escuela. Eran grandes extensiones de agua que se movían muy lentamente. Eran otros mundos contenidos en el planeta que abandonamos. No conocimos eso.

Imagino el mar como una gran vagina en la que uno se hunde y se pierde. Así que cuando le dije a los demás que quería encontrar el mar de la tranquilidad y usé estas mismas palabras pensaron que estaba fuera de mis cabales. Hasta que utilice una imagen y comprendieron de inmediato que debíamos salir en su búsqueda.

III

Según los registros, hoy sería domingo: un día de poderoso significado para los antiguos terrícolas. Nosotros, neoselenitas, no tenemos días como estos, sólo largos registros que dan cuenta de una órbita alrededor de una estrella moribunda que aún puede darnos algo de cobijo.

Fue fácil. No hubo que recorrer demasiado. A diferencia de los terrícolas, las utopías no son inalcanzables cuando la tecnología ha superado el límite de los sueños.

Debo admitir que me impresionó. Y hubo un impulso que nos hizo salir corriendo a sus aguas. Queríamos las olas que llegaban hasta nuestras botas y nos rodeaban… Nos quitamos nuestros trajes de entrenamiento y fuimos tanteando con nuestros cuerpos las olas, arrastrados, con temor, pero jubilosos por lo que veíamos.

Las primeras eran suaves y aún así tragaba mucha.Fuimos adentrándonos entre gritos de camaradería y admiración por entrar al océano.

A la gran vagina.

Perdí de vista a los demás cuando las olas comenzaron a crecer y mientras braceaba alcancé algo parecido a una boya. Y fue ahí cuando la última ola, una grande que tapaba el horizonte selenita, me abrió.

Vi los cielos, como estaban registrados en las historias que estudiábamos cuando llegamos hasta acá. Dejé que me inundara el cuerpo. Luego vino otra ola, una tras otra ola de arena.

Me ahogaba.

Pero en un esfuerzo regresé braceando a la orilla. Solo. Y la luna seguía desolada. Y mis compañeros no regresaron.

Con partes de mi traje comencé a correr lo mejor que pude. Huir. Olvidar que había encontrado el Mar de la Tranquilidad.

Pero toda calma es engañosa.

La huida no era tal.

El mar furioso se alzaba de su lecho y venía en pos de nosotros, los neoselenitas.

Sombra de un mundo distante

Posted in Zat with tags , on 25/09/2010 by Hijo de la Máquina
Downward Spiral: NIN

Fractal

El principio y el fin de los viajes en el tiempo se encuentra atado al problema de la gravedad –nos soltó la frase entre dos volutas de humos, desvaneciéndose…

Escheriano

Posted in Zat with tags on 22/09/2010 by Hijo de la Máquina
La simetría presente en esta imagen sugiere el ascenso y el descenso narrados en la microficción

A través de los patrones observados en el fractal, hallamos la simetría.

Tus pasos. Prefiero. Seguir. Subo. Bajo. Sostengo el pie. En el aire. Lo pongo en la grada. Continúo. Ab

a  b

j   i          No hay cucarachas.

o. Arr

a.          Hacia ninguna parte.        Baja.  Desolation row.  Al filo de la resignación: el vacío. Las aves suspendidas en.  35. 36. 37. 40 grados a la sombra. Y el movimiento. Dicen de sus aspas que. O fuiste tú. O fui yo. Cromo. Recuerdo. Del infierno se dice que es un lugar para ejercer con plenitud la melancolía. Cucarachas.  Sólo sombras de objetos. De seres. Sobre los que ejerzo una descripción.

Dicen que. En tu busca. Tan sólo en tu. Busca. Invierte 1. La vida. Pero. Qué es. La vida. Ni lo sé. Inventa un sueño. Allí estás. Despierta. Allí estás. Ineludible. O inevitable. ¿? Así, sin detenernos a pensar mucho. Sin artefactos. Aunque de la sombra que se extiende hay alguna duda. Algún mecanismo. Sube.

Si hay una condena soy yo al ralentí quien la padece.

Parpadeo

Posted in Zat with tags on 18/09/2010 by Hijo de la Máquina
El Perro Andaluz

Paradigmática imagen de la colaboración Buñuel-Dalí-Lorca

 

Un parpadeo.

La figura va desintegrándose por el rayo de luz. Si estás fuera de tus ojos, creerás lo que ves. Una abducción.

 

Dos parpadeos.

En el suelo no hay restos. Si estás fuera de tus ojos, mirarás alrededor. Hace tan sólo unos momentos, detuviste tus pasos. Con tus oídos quieres escuchar lo que hay entre el zumbido y la quietud que poco a poco va tomándose todo.

Sin embargo, como en las clásicas películas de ciencia ficción, tienes el temor de que algo, de improviso, ocurra.

 

Tres parpadeos.

Te meces el cabello. Parece que gritas -al menos de eso eres consciente por el movimiento desencajado de tu boca y el paulatino doblegar de tu cuerpo. Parece, cierto, pero no es. Eso crees, eso sientes: no te escuchas. Y eso, te angustia.

Cuarto parpadeo.

Un rayo de luz dirigido hacia otra persona que no habías distinguido antes la arrastra hacia la nada. En ese momento, crees recordar alguna palabra, alguna frase de cajón. Pulverizada. Pulverizar. Pero no, no lo es. Un rayo no pulveriza. Es una figura del lenguaje.

Quinto parpadeo.

Sientes a través de las plantas de tus pies que la tierra tiembla. Pero no escuchas el movimiento de las capas tectónicas. Y percibes que todo se mueve…se mueve…se mueve. Pero no escuchas nada. Es como cuando estabas estás en el aire recordando cómo querías caer. Claro, eso era un sueño. Lo que estás viendo es absolutamente real. O al menos, y eso crees, que no es un sueño porque el temblor que está ocurriendo si es muy real. Tanto que ves a los edificios colapsarse y a las montañas derrumbarse una a una como si fueran castillos de arena.

Sexto parpadeo.

El rayo, ese que has visto en otros cuerpos, ahora desciende a tu pecho. Desciende, es cierto, como si cayera dado por la gracia. Pero la gracia duele, o al menos a tí, que no eres un místico. Quieres saber qué se siente. Quieres contar lo que sientes, pero el rayo es inmisericorde. Te golpea en el pecho y luego te atraviesa. No es como dicen otros, que simplemente entra la energía y sale. Al contrario, te abre y luego desapareces.

No hay séptimo parpadeo.

Paisajes de la mente: Blade Runner

Posted in Zat with tags on 14/09/2010 by Hijo de la Máquina

Hades: cómo crear una ciudad a partir de una maqueta y fibra óptica.

Encontrado en Microsiervos -fuente de inspiración constante.

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