El Código

 

 

ideado a partir de la sílaba

 

Análogo

Cuadernos. Lápices. Libretas. Bolígrafos. Borradores de nata, de goma. Cartucheras de metal. Coexisten con la pantalla de efectos estroboscópicos. Lost y fantasías manuscritas.

Escena

Reproductor en aleatorio –piloto automático explorando la selva sonora que se traga la memoria de la máquina- audífonos enchufados a los oídos para aislar el ruido ambiente de afuera mientras el oyente se adentra en los meandros del indie o en la oscuridad del techno, audífonos puente entre el delirio del software y las palabras, escasas, que son escritas en el cuaderno, en el moleskine.

En medio de la “canción” – ya no escuchamos álbumes sino MP3s- suena una alarma: un trino oportuno avisando de alguna novedad ocurrida en alguna parte de la red. Los ojos fijos en la pantalla, los dedos respondiendo prontamente.

Se activan las réplicas. La misma labor de escritura análoga quedó suspendida mientras los dedos siguen el hilo de las conversaciones, gestionan archivos con más sonidos para explorar, algunas palabras en voz alta dirigidas hacia una ventana en la que alguien comenta de la novedad que hace unos segundos apareció en la pantalla.

 

“El Manuscrito”

En un intento por conciliar la tradición romántica con la modernidad –toda modernidad es periódico de ayer- un escritor regaló una copia impresa de la “versión definitiva” de su “obra maestra”a su esposa –todo entrecomillado es una marca de modernidad y también una ironía por los sentidos arcaizantes de las expresiones-

Antes, cuando era un escritor en busca de renombre, y cuando los manuscritos se pasaban por la máquina de escribir, los borradores con tachones eran la posesión más preciada de los escritores y sus áulicos. La imagen del work in progress llevado a buen puerto en el manuscrito antes de la edición consagratoria, era la evidencia definitiva del “trabajo”  que había acometido el escritor: el germen de la curaduría editorial. La justificación de los museos y las reproducciones que adoraban los aprendices y los estudiantes cuando repasaban ese manuscrito en mimeógrafo (70-80) y fotocopias (90)

Ahora, el escritor consagrado, astuto, regala una copia del texto en una impresión casera. Imaginamos las grapas de la cosedora conteniendo el “manuscrito”, el orgullo maternal de la compañera, la sorpresa de los áulicos ante ese gesto avant-garde. Y para concluir, la firma del escritor con su estilográfica que cierra todo el proceso “creativo”. Que vengan los millones, las adulaciones de la crítica, las entrevistas, las  sesiones de firma de libros.

El ritual ha concluido –ahora transcríbanlo.

Pero, ¿dónde quedaron las marcas, los tachones, las disgresiones?  El manuscrito con su tipografía times new roman ya no muestra costuras. Aparece limpio, íntegro. Hay otra copia para el editor, quien sonríe porque le han ahorrado “trabajo”-lo de siempre.

¿Y el control de cambios?

 

El pasaje→ La marca → El palimpsesto ∞.

En las libretas, cuadernos, molesquines, son recogidas frases, ideas, partes. Borrones, tachaduras, enmendaduras sobre las que se superponen otras frases. Lugares comunes. Pasajes inéditos recorridos de prisa y con la expectativa de volver.

Post its en la pantalla del dispositivo. Mash ups de ideas. Las interfases ahora han sido diseñadas para reproducir ese ambiente que hace tan sólo unos años ocupaba tus bolsillos o los libros subrayados en las bibliotecas: paisaje de notas en la era de las redes sociales. Un museo de la novela eterna construido a partir de tuiteos, cambios de estado, ubicaciones por sms o gps, abbey road simultáneo en googlemaps.

No sería -museo –el ascenso  de la interfaz sino existieran hipervínculos que condujeran a otros pasajes: streamings, porno, ficheros. Insumos para el #TL o el estado sobreexcitado del perfil.

Pokes aún por responder. Retuiteos. Ad infinitum gracias a las múltplies aplicaciones que corren en tu máquina.

 

Onanista digital

Por las aplicaciones serás conocido. Hasta hace poco lo fálico digital era medido por la capacidad de los discos duros. Una transposición de la potencia de los automóviles 50 años atrás. Y ayer era por la presencia en las redes sociales.  Hoy es por la integración de la presencia y las aplicaciones mediante las cuales ofreces tus fragmentos, post its digitales. Es fálico ser simultáneo. Ubicuo. Una eyaculación constante. Potente. Diseminada y recomendada: magnífico feedback en las sindicaciones , las suscripciones, los seguidores.

 

¿Cuerpos?

No hay cuerpos sino corpúsculos, unidades compactas, con sentido, movimiento y generación constante de contenido. Con nula relación con la unidad rotunda del cuerpo  más allá de la funcionalidad de las partes, que remiten a una vaga idea de uniformidad, necesaria para imaginar otras pesadillas en interfases y prótesis necesarias cuando la conexión es suspendida o entra en tránsito ante fenómenos distantes de la pantalla.

Dotadas de sentido elaboran significados a partir de rastros dejados por otros corpúsculos –“rasgo poético del lenguaje”- es decir, establecen relaciones de referencialidad para intercambiar contenidos.

El código es compartido por todos. Puede ser modificado, intervenido y manipulado ya que ningún valor presenta  que otorgue ventaja o dominio. Es tan sólo una cifra más. Frases como “el Ocaso de los Dioses” no dejan de ser una exageración, una rimbombancia, que revelan una dependencia subordinada a fenómenos extrínsecos a las dinámicas plenas de los corpúsculos.

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5 comentarios to “El Código”

  1. […] tan sólo hackear el código: nadie soportaría exponer sus miserias en la […]

  2. vbueno Says:

    si, es fálico ser ubicuo

  3. María Rosa Says:

    Pasarán los años, vendrán otras formas y tú… ”
    Literatura Colombiana de Inicios de Siglo; Bogotá, 2045. “…de manera que en las primeras obras de Hijo de la Máquina, si bien el aspecto formal es intencionalmente fracturado gracias al uso de las aplicaciones, todavía muestra nostalgia y filiación a las formas de la centuria pasada, lo que constituye a la vez la búsqueda de una autodiferenciación expresiva que le permita no perderse en el universo de las redes y los canales; sin embargo “XXXXX” (2022), es una obra que significa ya la creación de un lenguaje poético y aplicacional muy personal, que logra tal propósito”
    Oiga, mi único reparo es hacia el símil de lo fálico con el onanismo, un universalismo sustitutorio de lo femenino, ¿no es acaso tan útil para ese propósito la vulva?

    • Siento como si diera pasos en la oscuridad. Adentrándome sin saber qué tiento, contra qué me choco, tan sólo siguiendo mis pasos que, torpes, abren sendas en la tiniebla. Cualquier nacionalidad es una limitante y también un deíctico: de ahí proviene tanta inseguridad refrendada en la certeza de sentir que a algo se pertenece. La imagen, tomada en el Museo Nacional de Colombia, si es una rendición a la nostalgia, a los tiempos que ya se fueron y sobre los que tangencialmente estuve ahí. Descartar el pasado será un ejercicio necesario de gamberrismo con uno mismo. Nostalgias de Tron, por decirlo. Hace tiempo estoy esperando una singularidad. Hace tiempo…

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